Antiguamente, las cajas de música y los organillos estaban presentes en muchísimos hogares: desde la cajita de porcelana que acompañaba el sueño de los niños hasta el joyero con su bailarina. Aunque el tocadiscos las desplazó durante el siglo pasado, su dulce melodía sigue siendo un recuerdo imborrable.
Hemos querido recuperar todo ese encanto con códigos sencillos y un diseño depurado. En este modelo, inspirado en el principio del componium, una cinta perforada pasa por un mecanismo que acciona pequeñas púas. Estas púas pulsan láminas metálicas afinadas y producen la música. La cinta avanza a mano, girando una manivela, y cualquier melodía se vuelve posible.
Hoy la caja de música es un clásico objeto de colección, un regalo muy especial y también un valioso momento de juego para compartir.